Hoskinson: BIP 361 exige hard fork y dejaría 1.7 millones de BTC irrecuperables

Hoskinson advierte que el 34% del suministro de Bitcoin tiene claves públicas expuestas en cadena
Charles Hoskinson, fundador de Cardano, publicó este 15 de abril una crítica extensa contra la propuesta BIP 361, un mecanismo orientado a proteger a Bitcoin frente a la computación cuántica. Su argumento central: al 1 de marzo de 2026, más del 34% de todos los BTC ya habían revelado su clave pública en la blockchain, sea por reutilización de direcciones o por el esquema heredado pay-to-pubkey-hash. Según Hoskinson, ese porcentaje equivale a aproximadamente 8 millones de BTC y representaría una exposición sistémica si en la próxima década apareciera una computadora cuántica capaz de derivar claves privadas desde claves públicas. ADA, el token de Cardano que Hoskinson lidera, cotiza hoy a 0.25 dólares (4.25 pesos mexicanos), con un alza de 0.67% en las últimas 24 horas, según CoinGecko.
El fundador de Cardano no puso en duda la legitimidad técnica de BIP 361, sino sus implicaciones políticas y sus limitaciones prácticas. Señaló que presentar el mecanismo como un soft fork —una actualización que no rompe compatibilidad— sería inexacto. Para Hoskinson, cualquier protocolo que impida gastar monedas con esquemas criptográficos antiguos o que exija migrar fondos a direcciones postcuánticas operaría, en la práctica, como un hard fork: un cambio que divide las reglas de validación y afecta derechos de gasto existentes.
BIP 361 no podría recuperar 1.7 millones de BTC vinculados a esquemas previos a 2013
El punto más polémico de la intervención de Hoskinson fue su estimación sobre los fondos que quedarían bloqueados. Según su análisis, cerca de 1.7 millones de BTC no podrían ser recuperados bajo el esquema de pruebas de conocimiento cero que BIP 361 propone como vía de migración. De esos, 1.1 millones de BTC corresponderían a las billeteras de Satoshi Nakamoto, creadas con la versión original de Bitcoin Core antes de que existieran estándares modernos como BIP 39 —introducido en 2013 para estandarizar la generación de semillas y claves jerárquicas—. Hoskinson explicó que las billeteras antiguas usaban pools de claves generadas de forma diferente, y que no existiría una prueba de conocimiento cero universal que permitiera demostrar propiedad sobre esos fondos con los mecanismos que sí funcionarían para billeteras modernas.
La consecuencia directa, según Hoskinson, es que Bitcoin enfrentaría un dilema sin salida limpia: si no migra, los 8 millones de BTC expuestos podrían ser robados por un atacante cuántico y volcados al mercado en la década de 2030. Si migra, terminaría inmovilizando fondos de usuarios que no actuaron a tiempo o que usaron esquemas incompatibles con el nuevo estándar —lo que él describió como una confiscación encubierta—. La probabilidad de que este riesgo sea viable en la práctica todavía es objeto de debate técnico: ninguna computadora cuántica actual tiene la capacidad de atacar Bitcoin de esta manera, pero la discusión busca anticipar decisiones antes de que ese punto sea alcanzable. Ben Goertzel ya había advertido en abril sobre cómo los avances de Google en circuitos cuánticos podrían afectar a Bitcoin y otras redes blockchain.
Hoskinson usa la polémica para defender la gobernanza on-chain de Cardano frente a Bitcoin
Más allá del análisis técnico, Hoskinson convirtió la discusión sobre BIP 361 en una crítica al modelo de gobernanza de Bitcoin. Argumentó que la cultura maximalista expulsó durante años a quienes defendían mecanismos de actualización más flexibles, y que esa rigidez deja a la red sin herramientas coordinadas para enfrentar una amenaza de esta escala. En contraste, defendió los modelos de gobernanza on-chain de Cardano, Polkadot y Tezos, que permiten votaciones y upgrades de protocolo sin necesidad del proceso de señalización informal que usa Bitcoin para activar cambios.
También señaló que la presión institucional podría eventualmente imponerse. A su juicio, actores como BlackRock, MicroStrategy y el gobierno de Estados Unidos —que acumulan posiciones significativas en BTC— tendrían incentivos para impulsar un hard fork si perciben que más del 10% del suministro corre riesgo de ser robado y liquidado. Esa dinámica, dijo, podría terminar forzando el tipo de cambio que el ecosistema ha resistido históricamente, pero a partir de una crisis y no de una planificación ordenada. La crítica de Hoskinson no es técnicamente inédita —la vulnerabilidad cuántica de las claves expuestas ha sido discutida en foros de Bitcoin desde hace años— pero su tono y el respaldo cuantitativo que le dio este 15 de abril la colocan de nuevo en el centro del debate sobre el futuro del protocolo.
Este artículo se elabora con apoyo de herramientas digitales de redacción; el equipo editorial revisa y ajusta el contenido. La información se ofrece con fines informativos y no constituye asesoramiento financiero ni recomendación de inversión.







